¿Quién recuerda los taquitos dorados del Cine Juárez?

POR HÉCTOR MANUEL CÉSPEDES RODRÍGUEZ.

Pasar por la banqueta de lo que fue el Cine Juárez, a mi como a muchos apatzinguenses cinéfilos, nos llena de nostalgia, en lo particular se vienen a mi mente las películas de estreno que en más de una ocasión fuimos a disfrutar en familia o con los amigos.

Eran aquellos tiempos en que había de donde escoger, ya que competían en una o en otra cosa las salas de cine, como el caso del Cine Purépecha, de majestuosa fachada, que se anunciaba como el aristócrata de los cines en Apatzingán, presumiendo tener el mejor clima acondicionado, y era muy cierto.

Pero el Cine Juárez, propiedad de Don Agustín Toscano Orozco, primo hermano de nuestra Directora, la señorita Hortensia Toscano Mora; ese cine tiene algo muy especial para este servidor de ustedes, y tal vez coincidimos con algunos de nuestros lectores; me refiero a sus famosos taquitos dorados con salsa de tomate, eran tan deliciosos, que aprovechando la obscuridad del recinto hasta el papel de envoltura en que los servían dejábamos limpio, ya que lamiamos la salsa que quedaba en el.

En pláticas con nuestra Directora, pude enterarme que los taquitos esos que tanto extraño, los hacía Doña María de Jesús Orozco, mamá del Don Agustín Toscano Orozco; pregunté que si tendrían algo en particular por lo que salieran tan sabrosos, y dice que tal vez el hecho de que los guisaban en cazo. Lo cierto es que en cuanto a la salsa picosita de tomate, era sorprendente la cantidad de cebolla que le ponían.

Actualmente el cine permanece cerrado, muchos tenemos la esperanza de algún día verlo nuevamente en funciones, aunque los taquitos dorados ya sólo formarán parte de nuestros recuerdos.

Ese y los demás cines que permanecen cerrados, guardan en ellos muchos recuerdos para nosotros los apatzinguenses, ya que para muchos fue el lugar en que por primera vez, con la complicidad de la obscuridad parcial que hay en un cine cuando proyectan la película, robamos un beso a nuestra primera novia.

Usted, y todos los que podamos, guardemos celosamente esos recuerdos, que son para volver a disfrutarlos, precisamente de esa manera, como recuerdos que son. Hasta la próxima, si Dios nos da licencia.

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