Un recuerdo especial para Don Beto Pineda y su grupo de arpa

POR HÉCTOR MANUEL CÉSPEDES RODRÍGUEZ

Las tardes de jueves de bohemios que se hacían en casa del recordado compositor apatzinguense Don José Solís Ceja eran una especie de tardes culturales, donde lo mismo había la oportunidad de escuchar a Paco Dueñas tocando la guitarra, que declamar a varios de los asistentes, de igual manera nos deleitábamos con las balonas de Don Beto Pineda y su Grupo “Alma de Apatzingán”.

Don Beto Pineda había hecho de esta ciudad su nueva patria chica y como tal, con cariño le dedicó la mayoría de sus balonas a la región de Apatzingán, describiendo entre sus versos no sólo la forma de vivir de la gente del campo y la ciudad, sino también los lugares emblemáticos que decía, son dignos de presumirlo ante México y el mundo entero.

La balona “Hirieron al Papa”, en la que hacía referencia a aquel triste capítulo de la vida de Juan Pablo II, le hicieron merecer un reconocimiento que le enviaron desde el Vaticano; así podríamos destacar varios merecidos homenajes que en vida pudo recibir por su música de arpa, algunos de ellos en el marco de las fiestas octubrinas, en el Teatro del Pueblo, donde muchísimas veces mostró su arte para tocar el violín, haciendo excelente equipo con sus amigos, los integrantes del Grupo “Alma de Apatzingán”.

Don Beto Pineda también fue muy conocido por sus tacos de carne de res, por ello era muy concurrida la esquina de Cornelio Ortiz de Zárate y Donato Bravo Izquierdo, donde siempre lo vimos hombro con hombro junto a su esposa Doña Salud Pineda, a igual que varios de sus hijos, que bien sabían que de ahí saldría para sostener sus estudios.

Sabía la clientela de Don Beto, que mientras los despachaba le habría de dedicar un verso; más de alguna ocasión tuve la oportunidad de ir ahí junto con el Expresidente Municipal Don Jaime Calleja Andrade, quien en aquel entonces conocía y visita los puestos de la mayoría de los taqueros de nuestra ciudad, en los que mientras almorzaba la gente le echaba grito para saludarlo; bueno, pero ese es tema para otra ocasión.

Queden estas líneas como uno más de los homenajes que merece en el recuerdo Don Beto Pineda, con saludos afectuosos para su ahora viuda y toda su descendencia. Hasta la próxima.

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